martes, 2 de febrero de 2016

Tinísima

Yo vuelvo a esta reunión de amigos de los libros y de los libros amigos, con uno que se me ha pegado en un costado del alma: "Tinísima", de Elena Poniatowska. Y vuelvo con él porque me ha pasado lo que no me había pasado en años: no puedo dejar de leerlo.

A algunos o algunas de ustedes acaso les sea un tanto ajeno y hasta demodé el asunto de la utopía socialista, pero para los que la vivimos en plan de lucha o de entusiasmo solidario fue, sin duda, la mejor razón de nuestra existencia. El libro, cuyo grosor me espanta, dedicado ciertamente a Lourdes por la autora, desarrolla una reconstrucción literaria de personajes y situaciones que ya no puedo decir me parece asombrosa, sino verdaderamente genial. Leyendo a Poniatowska, maestra del lenguaje, me doy cuenta de que mis propias ataduras a las reglas gramaticales son obsoletas ante la libertad de jugar con las frases de una manera tan libre como lo hace esta mujer que ennoblece a México, por haber acogido su eslavo apellido. El contenido me toca tanto que casi me hace testigo del asesinato de Julio Antonio Mella. Hay algo que a la escritora se le escapó a pesar de la minuciosa pesquisa que hizo en las hemerotecas, lo diré más tarde explicando que el principio del libro tiene como arranque el asesinato del comunista cubano, que ansiaba derrocar al dictador, testaferro del imperialismo corrupto del gobierno de los Estados Unidos, Gerardo Machado. El inicio de este libro es terrible porque si Tina iba por la calle del brazo de su amado Julio, cuando éste cae ensangrentado por las balas de un asesino escondido, después, por argucias sucias de la policía es puesta bajo arresto domiciliario. Lo que se le escapó a Poniatowska al investigar en la prensa de aquella época las declaraciones de los testigos, fue que alguien oyó los tiros y se asomó a la ventana, y ésta era una jóven que también fue citada a declarar, alumna de una escuela de danza: Gloria Campobello. Yo, apenas andaba naciendo, pero ya mi destino estaba trazado. (Melchor Peredo, 2015)

No hay comentarios:

Publicar un comentario